La muerte del teniente coronel retirado Carlos Alberto Barbot, principal responsable del asesinato de Mario Abel Amaya y de los tormentos y trato cruel e inhumano en mi perjuicio en la Unidad Penitenciaria 6 de la ciudad de Rawson, ha provocado la impunidad de esos delitos. La frustrada audiencia oral y pública debía desarrollarse en 2011 pero no solo no se hizo sino que en el anuncio de las audiencias que tendrán lugar en 2012, realizado hace pocos días, esta causa no figuró. La investigación fue iniciada, al igual que otros casos de derechos humanos por el prestigioso Juez Federal de Rawson, Beltrán Adolfo Mulhall y seguida hasta su conclusión por el juez Sastre. El juicio oral debía estar a cargo del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.
Este ha sido uno de los casos marginados por una justicia selectiva, de los cuales el más conocido es la causa de la Triple A, organización terrorista para estatal que actuó desde el 21 de noviembre de 1973, en un intento de asesinato contra mi persona cuando era senador nacional de Chubut, hasta el golpe de Estado de 1976 y que descansa en paz en el juzgado de Oyarbide.
Barbot, o Barbotta, como era su apellido originario, estuvo al frente del área represiva 536, que comprendía la zona norte del Chubut y centralizaba el comando de las fuerzas armadas y de seguridad, como así también del Servicio Penitenciario de Rawson, donde ocurrieron los delitos de esta causa.
Muchos otros actos de persecución ideológica irracional, cometidos en 1976 en esta área también quedarán impunes. El secuestro y la desaparición del maestro Bell, el asesinato de Jorge Valemberg, las torturas y tratos inhumanos en la cárcel de Rawson, un verdadero campo de concentración, el crimen de una parejita de niños enamorados a los que ultimó, alegando que querían escapar a uno de los espantosos controles que él llevaba a cabo con su permanente abuso de autoridad, son algunos de los ejemplos que me vienen a la memoria de las responsabilidades de Barbot. Que se sepa, esta persona jamás tuvo el más mínimo arrepentimiento de sus actos atroces, pero tampoco tuvo la valentía de asumirlos ante la justicia.
Hipólito Solari Yrigoyen
Presidente de Nuevos Derechos del Hombre









